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El costo de agencia se fue a cero

Llevo suficientes años dirigiendo equipos como para haber dejado de creer en la explicación fácil.

La explicación fácil es que hay gente floja. Que hay desarrolladores que no le ponen. Que el problema es actitud. Es cómoda porque te deja limpio a ti y sucio al otro, y porque siempre vas a encontrar un caso que la confirme.

Pero es falsa. O más bien: es tan superficial que no sirve para decidir nada.

Lo que realmente pasa es que todas las organizaciones de software que conocemos se construyeron encima de un supuesto que nadie hizo explícito nunca: el esfuerzo real es inobservable.

Todo proxy se puede farmear

Como nunca pudimos medir el trabajo, medimos otra cosa. Presencia. Reuniones. Tickets cerrados. Story points. Líneas. Antigüedad. Disponibilidad en el chat. Cada una de esas métricas es un proxy, y cada proxy tiene la misma propiedad: se puede farmear sin producir valor.

Y acá viene la parte que a la gente le molesta cuando la digo en voz alta: farmear el proxy no es un defecto de carácter, es una estrategia racional.

Si el sistema premia la apariencia de esfuerzo, optimizar la apariencia de esfuerzo es la jugada correcta. La persona que estira una tarea de tres días a dos semanas no está siendo mala persona. Está leyendo bien los incentivos. La que se guarda el contexto crítico en la cabeza en vez de documentarlo no está saboteando: está construyendo seguridad laboral con el único material que tiene. La que dice "eso es más complejo de lo que parece" sin haberlo mirado no está mintiendo, está negociando alcance con información asimétrica, que es exactamente lo que hace cualquier actor racional cuando puede.

Le pusimos "comodidad" y nos quedamos tranquilos. Pero comodidad es el nombre moral de algo que en realidad es económico.

El nombre técnico de esto ya existía

En economía se llama problema principal-agente. El principal (la empresa, el que encarga) tiene un objetivo. El agente (el empleado, el que ejecuta) tiene los suyos: su carrera, su energía, su riesgo personal, su estatus, su tiempo libre. Esos dos vectores nunca apuntan al mismo lado, y la brecha entre ambos tiene un precio.

Ese precio se llama costo de agencia.

Y si te pones a mirar de qué está hecha una empresa de tecnología, te vas a dar cuenta de algo incómodo: casi toda la estructura existe para pagar ese costo. Los líderes técnicos que revisan. Los PMs que persiguen. Las dailies que verifican. Los code reviews que desconfían. Las capas de management que existen para vigilar a la capa de abajo. Los OKRs que intentan alinear lo que no está alineado. Los procesos de performance. Los bonos.

Nada de eso produce software. Todo eso paga la brecha.

Cuando ves una organización de doscientas personas, no estás viendo doscientas personas construyendo. Estás viendo a una parte construyendo y a otra parte cobrando el impuesto que se genera porque no podemos ver hacia adentro de la cabeza del que construye.

El chiste cruel

Y entonces llegó la IA y le pusimos "agentes".

Es una de las ironías más finas que nos ha regalado esta industria, porque un agente de software es exactamente un agente con costo de agencia cero.

No tiene carrera que proteger. No le importa quedar bien en la daily. No estira el alcance para asegurar el próximo trimestre. No se guarda contexto para volverse indispensable. No te dice que algo es imposible porque le da lata. No optimiza su comodidad, porque no tiene comodidad. No necesita ser vigilado, porque no tiene un interés propio del cual desviarse.

Ese es el contraste real. No es "la IA trabaja más rápido que las personas". Eso es aburrido y además es discutible.

El punto es que la IA elimina la razón por la cual construimos la mitad de nuestras organizaciones.

Si el costo de agencia se va a cero, todas las capas que existían para pagarlo quedan sin justificación. No porque la gente sea reemplazable, sino porque el impuesto que estaban cobrando desapareció.

El sueldo compra horas, no compra intención

Acá hay algo que aprendí pagando: puedes estar arriba de mercado y seguir sin obtener lo que buscas. No porque te estafen. Porque compraste el producto equivocado y te lo entregaron correctamente.

Un contrato laboral compra tiempo disponible. No compra intención. Y la intención brutal —esa de la que a nadie le sale gratis hablar— no está a la venta. Durante décadas la única palanca que tuvimos para intentar comprarla fue el sueldo, y el sueldo no la vende. Por eso inventamos cultura, propósito, misión, stock options, "somos una familia". Todos son intentos de comprar algo que el instrumento no ofrece.

Y sé lo que corresponde decir acá: que el que sí tiene esa intención la tiene porque tiene piel en el juego, equity, upside. Es la explicación elegante.

En mi caso es falsa. A mí el upside nunca me ha movido. Yo programo desde los siete años, empecé en un Commodore con BASIC, y haría esto aunque no me pagaran nada. Mi intención no viene de un incentivo. Viene de cómo estoy cableado.

Y eso, si soy honesto, es el descubrimiento más incómodo de todos: he estado exigiendo algo que ni siquiera yo compré. Me vino de fábrica.

Durante años busqué en el mercado laboral una coincidencia biográfica y le llamé "contratar bien". No un perfil, no un seniority: una casualidad. Y las casualidades no se contratan, no se escalan, y no se le pueden pedir a doscientas personas. El que no la tiene no está fallando. Simplemente no le tocó la misma lotería que a mí.

Ahí está el problema completo, sin moral y sin rabia: la intención no se compra con plata, no se compra con equity, y solo aparece por accidente. Cualquier organización que dependa de ella es estructuralmente frágil.

Y llega el agente, que no la necesita. Porque no tiene un interés propio del cual desviarse.

Lo que el agente rompe no es la flojera

Acá está la parte que más me costó aceptar, y la digo porque si no la digo este texto es un jefe culpando a su equipo.

Los agentes funcionan cuando alguien tiene una claridad brutal de intención. No funcionan solos. No adivinan. No rescatan un requerimiento mal pensado. Un agente no absorbe ambigüedad.

Y esa es exactamente la función que cumplía el sistema anterior.

Con humanos, tú podías ser ambiguo. Podías tirar una definición a medias en una reunión y el equipo la absorbía: con retrabajo, con reuniones de alineamiento, con dos semanas perdidas que después aparecían disfrazadas de "complejidad técnica". La ambigüedad del que dirige se pagaba con el tiempo del que ejecuta, y como el esfuerzo era inobservable, nadie podía demostrar de dónde había salido la pérdida.

El agente no hace eso. El agente ejecuta tu ambigüedad literalmente, rápido, y te devuelve el resultado exacto de lo mal que pensaste el problema. En minutos.

Lo que la IA destruye no es la comodidad del desarrollador. Es la posibilidad de esconderse — de todos lados de la mesa. El que ejecuta ya no puede esconderse detrás del misterio del oficio. Y el que dirige ya no puede esconderse detrás del retrabajo de otros.

Por eso el rol cambia y no vuelve. El desarrollador deja de ser ejecutor y pasa a ser director de intención: su valor ya no está en producir el artefacto, está en definir con precisión qué debe existir y por qué. Eso es más difícil, no menos. Es una promoción disfrazada de amenaza.

El cuchillo apunta para los dos lados

Sería muy conveniente terminar acá. Escribí un texto que dice que la IA elimina el costo de agencia del que ejecuta, y yo soy el que dirige. Salgo ileso.

Pero si el argumento es honesto, el argumento me incluye.

Yo también soy un agente. Mi versión no es la flojera —ese nunca fue mi problema—, es otra y es más difícil de ver: definí poco porque igual lo terminaba resolviendo yo. Dejé ambigüedad en el aire porque mientras el problema estuviera mal definido, nadie podía demostrar que estaba mal resuelto. Retuve control disfrazado de criterio técnico. Yo también farmeé proxies; los míos se llaman roadmap, comité y "esto es estratégico".

Y lo peor: mi propia capacidad de ejecutar fue el mejor escondite que tuve. Mientras yo pudiera tapar los hoyos trabajando más, nunca estuve obligado a arreglar el sistema que los producía.

Si el costo de agencia se va a cero para el que escribe código, se va a cero para el que decide qué código se escribe. La misma transparencia que deja al descubierto a un equipo que no entregaba, deja al descubierto a un CTO que no definía.

Y para ser franco: eso es lo que me tiene escribiendo esto. No la rabia con nadie. La incomodidad de darme cuenta de que el sistema que estoy celebrando por fin es también el primero que me puede medir a mí.

El status quo de la comodidad no era de ellos.

Era nuestro.